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XX Domingo después de PentecostésNos encontramos en la última parte del año litúrgico, que llamamos el otoño eclesiástico. El contenidoespiritual y el tono característico de este tiempo son la preparación para la segunda venida del Señor o, dicho demanera más popular, la preparación para una buena muerte. Ya hemos conocido algunos de sus temas en losdomingos pasados; por ejemplo, el domingo anterior: debemos preocuparnos por conservar puro nuestrovestido de gracia cuando Cristo Rey venga a visitarnos en su retorno. Hoy la Iglesia nos propone otra idea; sinembargo, no la encontramos en la lectura principal (el Evangelio), sino en una pequeña parte de la Misa a laque normalmente apenas prestamos atención, en el canto del ofertorio. Dice así: «Junto a los ríos de Babilonianos sentábamos y llorábamos acordándonos de ti, oh Sión». Este versículo proviene de un salmo (136), en elque el pueblo judío expresa su dolor en el destierro, pero también su nostalgia de Jerusalén y del Templo. LaIglesia quiere presentarnos este canto como una imagen de nuestra propia vida. Así pues, podemos resumirbrevemente el contenido de esta Misa de la siguiente manera: la vida terrena es un destierro lejos de la patriacelestial. Recorramos la Misa con este pensamiento.a) El introito canta: «Todo lo que nos has hecho, Señor, lo has hecho según un juicio justo, porque hemospecado contra ti y no hemos obedecido tus mandamientos; glorifica ahora tu Nombre y obra con nosotros segúnla abundancia de tu misericordia». Preguntémonos: ¿quién pronunció primero estas palabras? El profeta Danieldurante el cautiverio de Babilonia. Habla en nombre de su pueblo. Este había sido duramente oprimido en elexilio; pero aquel destierro no era sino un justo castigo de Dios por la larga cadena de infidelidades de unpueblo que se había apartado de Él. Ahora, sin embargo, en medio del sufrimiento, había aprendido nuevamentea valorar y observar la Ley y los mandamientos. Ahora reconoce que el juicio de Dios fue justo.La...
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XX Domingo después de Pentecostés
XX Domingo después de Pentecostés (predicación)